"La cara es el espejo del alma".
Hoy he comprobado que los zapatos pueden ser algo parecido.
Primero si están limpios o sucios. Hay zapatos que sólo están relucientes el 5 de enero por la noche... pero ése es otro asunto que ya me ocupará la cabeza en otro momento.
Esta mañana estaba esperando el autobús, sola en la parada, y de pronto ha aparecido un chico que parecía sacado de un instituto de Disney Channel. He mirado sus zapatos y he pensado "¿no se caerán? Son enormes y no los lleva atados..."
Mientras pensaba esto un autobús ha pasado haciendo caso omiso de mi mano levantada. Y la parada se ha llenado de zapatos muy interesantes.
Primero una chica de unos 17 años conjuntada muy en rosa, con unos auriculares más grandes que su cabeza que llevaba puestos de diadema.
Un chico al que he acertado toda la ropa mirando sólo sus mocasines: vaquero, camisa y/o polo y unas gafas cuadradas. Raya de pelo a un lado, por supuesto.
Una señora mayor que va pimpante, y que hoy pasará frío en los pies.
Y una chica majísima que volvía de la facultad, a la que creo que le ha dado últimamente por "desaguar" escribiendo y documentaba su último post.
Menudo mundo, el de los zapatos...
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